CULTURA DE PAZ

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jueves, 25 de abril de 2019

EL SIRVIENTE DEL REY








La verdad y la mentira

Dicen que la mentira y la verdad se encontraron una mañana y empezaron a hablar. La mentira le dijo a la verdad: «Buenos días, doña verdad». Entonces, ésta quiso comprobar si realmente era un buen día. Miró hacia arriba, no observó nubes de lluvia, el sol resplandecía, varios pájaros cantaban y, viendo que era un día espléndido, respondió a la mentira: «Buenos días, doña mentira». «Hace mucho calor hoy», dijo la mentira. Y la verdad, advirtiendo que la mentira decía cosas ciertas, se relajó. La mentira, entonces, invitó a su compañera a bañarse en el río. Se quitó la ropa, saltó al agua y dijo: «Venga, doña verdad, el agua está deliciosa». 

En esta ocasión, la verdad ni se imaginó que la mentira podría estar jugándole una mala pasada, se quitó la ropa y se tiró al río. En ese momento, la mentira salió rápidamente del agua, se vistió con la ropa de su inocente compañera y se marchó corriendo entre risas. La verdad, totalmente desolada, se negó a vestirse con la ropa de la mentira para no manchar su buen nombre, así que no le quedó otro remedio que irse del lugar completamente desnuda.

Moraleja: Desde que pasó esto, se dice que a los ojos de algunas personas es más fácil aceptar la mentira vestida de verdad que la verdad desnuda y cruda.

lunes, 18 de febrero de 2019

EL SIRIVIENTE DEL REY

Un rey tenía 10 perros salvajes a los que usaba para torturar y comerse a los sirvientes que cometieran el más mínimo error. Un buen día, uno de los criados hizo un dictamen equivocado que no gustó al monarca, por lo que ordenó que fuera arrojado a los canes. " Yo os serví durante 10 años, ¿y vos me hacéis eso a mí? Por favor, dadme 10 días antes de lanzarme a los perros", suplicó el sirviente.

El rey se los concedió. Entonces, el criado le pidió al guardia que se ocupaba de los animales que le dejara cuidarlos durante 10 días. Lo hizo lo mejor que pudo durante ese tiempo hasta que llegó el día en que fue lanzado a ellos por orden del rey. Una vez con los animales, todos se sorprendieron al ver que los canes voraces sólo lamían los pies del criado. El rey, desconcertado, exclamó: "¿Qué le ha sucedido a mis perros?". Y el sirviente le respondió: "Les cuidé sólo 10 días y ellos no han olvidado mi dedicación. Sin embargo, a  vos os serví 10 años y os olvidasteis de todo en mi primera equivocación". El rey se dio cuenta de su error y ordenó que le criado fuera puesto en libertad.

En ocasiones deberíamos reflexionar, ¿cuántas veces nos olvidamos de las cosas buenas que una persona ha hecho por nosotros sólo porque en un momento dado ha cometido un error?

EL MURCIÉLAGO



Hace tiempo, las aves y los mamíferos entraron en guerra y el resto de animales se posesionaron en uno de los dos bandos. Sin embargo, el murciélago, llevado por su cobardía, no sabía por quién apostar. Pensó que los mamíferos eran más fuertes y se presentó ante el león. "Como ves, soy pariente  del ratón. Por favor, déjame unirme a vuestro bando. Lucharé y arriesgaré mi vida si es preciso", dijo. El león lo aceptó.

A la mañana siguiente, las aves les atacaron con piedras. El murciélago, temeroso de la derrota, voló hasta el águila real. "Como puedes ver por mis alas, soy un ave. Me gustaría luchar contra los mamíferos con vosotros arriesgaré mi vida por ello si hace falta", afirmó. El águila lo admitió. Al día siguiente, los mamíferos contraatacaron con dureza y el murciélago volvió a unirse al grupo, y cuando las aves se hicieron otra vez con el poder, se cambió de nuevo.

Tanto las aves como los mamíferos se dieron cuenta de la cobardía del murciélago. Esto les llevó comprender que era una tontería luchas entre ellos y se hicieron amigos, pero dejaron fuera al murciélago, que se quedó solo y vivió oculto en las grutas. Sólo salía por las noches, cuando nadie le veía. Y es que, quien cambia de bando continuamente según le conviene puede acabar sin amigos.

LA OVEJA IMPACIENTE.




Un pastor tenía dos ovejas que habían parido corderitos. Por las noches, los encerraba a todos en un corral para que no se los comieran los lobos y, durante el día, soltaba a las ovejas y dejan a los corderillos en casa. En una ocasión, un temporal de lluvias sorprendió a las ovejas y desbordó un río que les impedía volver a casa para amamantar a sus crías. Una de las ovejas se puso a pastar paciente en la orilla, esperando a que bajaran las aguas. 

La otra se impacientó pensando que no volvería a  tiempo para dar de comer a los corderos y éstos se morirían de hambre, además de que podían ser devoradas por los lobos. "Tranquila, las aguas bajarán y mañana podremos volver a casa sanas y salvas", le dijo su compañera. De nada sirvió, ya que la oveja se arrojó igualmente al agua. el pastor, que había intentado ayudarlas, vio, impotente desde la otra orilla, cómo el cuerpo de la oveja era arrastrado por la corriente, que lo empotraba contra las rocas. Pasadas unas horas, el nivel del río descendió y la otra oveja pudo volver a casa. A partir de entonces, se hizo cargo de sus hijos y de los huérfanos. 

Esto nos hace ver que sin esperanza es imposible tener paciencia, pero también que la impaciencia por alcanzar las cosas rápido nos hace perder la oportunidad de conseguirlas en el futuro. 

domingo, 16 de diciembre de 2018

Si yo tuviera...

SI YO TUVIERA...



Erase una vez un hombre que cambiaba por la orilla del mar a la luz de la Luna y, en lugar de disfrutar de la agradable noche, de la paz del momento, de la inmensa belleza del cielo estrellado, iba todo el rato pensando en las cosas que no poseía: "Si tuviera un coche nuevo, sería feliz"; "ojalá pudiera comprarme una gran casa, con todo tipo de lujos"; "¿qué sería de mi vida si, por fin, consiguiera ese trabajo con el que siempre he soñado?"; "mi vida sería el colmo de la plenitud si estuviese con la pareja perfecta...".

En ésas estaba, cuando tropezó con una bolsita llena de piedras y, sin molestarse en echarles un vistazo, empezó a lanzarlas al mar mientras seguía con sus delirios de grandeza. Cuando ya estuvo de regreso en casa, sacó del bolsillo la bolsa creyendo que estaba vacía y de su interior cayó una de las piedras. Cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que se trataba de un diamante. Se echó las manos a la cabeza al calcular la fortuna que había perdido entre las olas del mar para siempre. Y eso mismo es lo que les sucede a muchas personas: cada día arrojan al mar los pequeños tesoros que ya poseen y a los que no dan valor soñando con lo que no tienen. La felicidad está muy cerca de nosotros y nos permitimos el lujo de ignorarla. 


EL ÁGUILA DESPLUMADA

EL ÁGUILA DESPLUMADA

Un hombre había atrapado un águila y, tras cortarle las plumas para que no pudiera escaparse, la encerró en un corral con sus gallinas. Allí, el ave se sentía como una reina encarcelada y se pasaba todo el día en un rincón, entristecida y sin apenas comer. Para su fortuna, pasó por la granja un hombre que, viéndola tan desvalida y con tan mal aspecto, decidió comprársela al dueña y darla una segunda oportunidad. Lo primero que hizo fue arrancarle las plumas cortadas y esperar a que le creciesen de nuevo. En cuanto el águila recobró su bello plumaje, empezó de nuevo a batir las alas y, en pocos días, alzó el vuelo. La rapaz estaba tan agradecida con aquel hombre que le devolvió la libertad que decidió regalarle la primera presa que capturó, una liebre. 

Una zorra, que la vio, se acercó maliciosamente y le dijo: "No le lleves ese regalo a quien te liberó, sino al que te capturó. El primero es bueno por naturaleza y a quien debes halagar para que no te haga de nuevo lo mismo es al que te encerró con sus gallinas". La incauta águila le hizo caso y el granjero volvió a atraparla y le cortó las plumas. No lo olvidemos, siempre hay que ser generoso con las personas buenas y, por prudencia, hay que alejarse de los malvados que insinúan hacer lo incorrecto. 

sábado, 15 de diciembre de 2018


LA MAYOR GENEROSIDAD




Después de pasarse un buen rato mirando la tienda, una niña se decidió a entrar en la joyería y pidió que le enseñasen el collar de turquesa que exhibían en el centro del escaparate. "Lo quiero para mi hermana. ¿M e lo envolverá con papel de regalo?", le dijo la pequeña. 

Un tanto desconfiado, el dueño de tienda le preguntó: "¿Cuánto dinero tienes?". Y la niñita sacó de su bolsillo un pañuelo en el que había guardado todos sus ahorros. Dejando una detrás de otra en le mostrador las pocas monedas que había podido reunir, le explicó el joyero: "Quiero regalarle algo realmente bonito a mi hermana. Desde que murió nuestra madre, ella ha cuidado de todos nosotros y se merece este collar, que es del color de sus ojos". Tras envolverlo con un papel de seda y ponerle un lazo, el hombre le entregó el paquete a la pequeña. 

Estaba a punto de cerrar su negocio, cuando entró por la puerta una bella joven rubia de ojos turquesa. "¿Ha vendido usted este collar a una niña?", le preguntó. "Sí, esta misma mañana", contesto el joyero. "Vengo a devolverlo, mi hermanita no tiene suficiente dinero para comprarlo", continuó la muchacha. A lo que el joyero respondió: "Lléveselo, es suyo. Ella pagó el precio más alto que cualquiera puede pagar. Dio todo lo que tenía". 

miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL BURRO EN EL POZO



EL BURRO Y EL POZO 





El burro de un campesino se cayó un día en un pozo oculto tras la maleza. El animal se quedó allí durante horas mientras su dueño trataba de encontrar una manera de rescatarlo. Finalmente y tras mucho cavilar, el hombre pensó que el animal estaba ya muy viejos que, por otro lado, aquel pozo estaba seco, por lo que el esfuerzo que iba a tener que hacer para sacarlo de allí no valía la pena, que lo mejor sería tapar el foso para evitar sus accidentes. Pidió ayuda a sus vecinos y comenzaron a tirar tierra al agujero. El burro, que llevaba un buen rato rebuznando, redobló sus quejidos y, después de varias horas, todos notaron que el animal se tranquilizó. El campesino se asomó y, sorprendido, vio que a cada palada que le arrojaban, el burro se sacudía la tierra de encima y daba un paso por encima de ella. De esta manera no tardó en alcanzar la boca del pozo y salir trotando del mismo. Su dueño lo miró y pensó en la lección que les acababa de dar: la vida va arrojarte tierra por todos lados y el truco para salir siempre bien parado es sacudírtela y utilizarla para ascender un poco más hacia la salida. Cada uno de nuestros problemas es un escalón para seguir subiendo y podemos salir de los pozos más profundos si no nos damos por vencidos.